1. PRESENTAR LA RUTINA COMPARAR-CONTRASTAR SOBRE LOS CAPITULOS IV Y V TRABAJADOS EN CLASE.
2. LLEVAR IMPRESO EL SIGUIENTE DOCUMENTO
La Iglesia durante la Baja Edad Media
La
Iglesia era la única institución de la Edad Media que superaba las fronteras
nacionales y estaba presente en todos los países y regiones de Europa. Su influencia
no se limitaba solo al plano religioso, sino que se extendía también el orden
político, económico, social y cultural. El influjo de la Iglesia puede observarse,
por ejemplo, en la importancia del templo en la vida aldeana alrededor del cual
giraba la vida social y cultural durante la Edad Media. Los papas y los
obispos, es decir, la jerarquía de la Iglesia, intervenían en los asuntos de
los Estados cristianos y servían de mediadores y jueces en las disputas de los
señores.
El
poder económico de la Iglesia fue enorme, especialmente porque una gran
cantidad de tierras estaba en manos de monasterios, conventos y catedrales. La
Iglesia también cobraba un tributo llamado diezmo, que era lo que los
campesinos tenían que ceder a su parroquia.
Reformas a la estructura
de la Iglesia
En
el siglo XI, el papa Gregorio VII impulsó una reforma religiosa
con el fin de renovar el espíritu cristiano, evitar la relajación de las
costumbres de los miembros de la Iglesia y reorganizar internamente la
institución.
Los
dos elementos fundamentales de la reforma fueron la organización jerárquica
de la Iglesia, cuyo dirigente supremo era el Papa, y la elaboración del Derecho
Canónico, cuya base era el Derecho Romano. El Papa defendió la superioridad
de su poder, por encima de emperadores y reyes. Esta decisión desató, entre el
papado y los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, un largo conflicto
que fue conocido como la Querella de las Investiduras. El conflicto finalizó
en el siglo XII con la firma del Concordato de Worms, por el que se definieron
los poderes del Papa y el emperador: el Papa designaba a los obispos y el
emperador les entregaba los bienes cedidos en feudo, símbolos del poder
temporal. El proceso de reforma de la Iglesia, coincidió con la reforma del movimiento
monacal y el nacimiento de dos órdenes monásticas: la de Cluny y la de Císter,
que se propagaron por toda Europa.
La consolidación del
poder de la Iglesia
El
poder alcanzado por la Iglesia se debió también al fervor popular que envolvía
a las clases más humildes y que fue demostrado por la cruzada de Pedro el
Ermitaño. La fe se fundaba en la esperanza de una vida mejor. La veneración a
la Virgen, a los santos y a las reliquias se difundió por toda la cristiandad.
Por otro lado, se trataba de evitar que los fieles cayeran en herejías o
doctrinas opuestas a los postulados de la Iglesia. Para lograrlo, ella contaba
con dos poderosas armas: la excomunión, que expulsaba de la Iglesia a
los infieles, y la Inquisición, que perseguía y enjuiciaba a los sospechosos
de herejía.
Las órdenes mendicantes
Con
el desarrollo comercial de las ciudades se hicieron notorias las diferencias entre
ricos y pobres. Aparecieron predicadores que exaltaron ante los humildes la
pobreza y la renuncia a los bienes terrenales. De aquí surgieron las órdenes
mendicantes, que predicaban mediante la palabra y el ejemplo. En el siglo XIII,
se fundaron dos órdenes mendicantes: la de los Franciscanos y la de los Dominicos.
La primera fue fundada por San Francisco de Asís y basaba su prédica en
la pobreza voluntaria. El ejemplo lo dio el mismo Francisco, pues era hijo de
un rico comerciante de la ciudad de Asís y, a pesar de ello, se desprendió de
todas sus posesiones. La segunda orden fue fundada por Santo Domingo Guzmán y
se dedicó al estudio. Su formación intelectual permitió a los dominicos combatir
la herejía, convirtiéndose en los integrantes del tribunal de la Inquisición.
La educación: nacimiento
de las universidades
En
las ciudades se fundaron escuelas donde a los hijos de los burgueses se les
impartían conocimientos específicos para sus negocios, con novedosos métodos que
respondían a la demanda de los nuevos saberes. El impacto y la importancia de
estas escuelas, hizo que entre el siglo XII y XIII se transformaran en
corporaciones o universidades. Las universidades surgieron de las escuelas
catedralicias, que sustituyeron a las escuelas monásticas como centros de
saber y de la cultura. Por su fama, algunas de estas escuelas atrajeron estudiantes
de lugares lejanos. Esto impulsó a los maestros y discípulos a organizarse de
manera independiente, para defender así su autonomía frente a los
poderes externos y garantizar localidad de la enseñanza. Las universidades se
organizaron en facultades especializadas en una disciplina. Estas eran administradas
por un decano y el claustro dependía de un rector. En las
primeras universidades, los profesores eran miembros de las órdenes mendicantes
(una orden religiosa católica) quienes sustituyeron a los antiguos maestros
seglares o maestros fieles a la Iglesia católica, pero que no hacían parte
del clero. Las universidades más importantes de esta época fueron la de París
en Francia, la de Oxford en Inglaterra y la de Bolonia en Italia.
La nueva moral burguesa
y la Iglesia
En
el siglo XIII, la Iglesia condenó a los burgueses que ejercían como mercaderes
y banqueros, por vivir de la usura y el crédito. Los negocios no
eran bien vistos por la Iglesia, sin embargo, los mercaderes se consideraban buenos
cristianos. Algunos de ellos ingresaban a órdenes religiosas al final de sus
vidas y donaban sus riquezas o se dedicaban a ayudar a los más pobres, tal vez
para limpiar sus culpas. Finalmente la Iglesia concilió su posición, diciendo
que mientras el comercio se ejerciera con el fin de la utilidad pública, el
lucro sería considerado como remuneración del comerciante por su trabajo.
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