viernes, 3 de agosto de 2018

COMPROMISO SEPTIMO



1. PRESENTAR LA RUTINA COMPARAR-CONTRASTAR SOBRE LOS CAPITULOS IV Y V TRABAJADOS EN CLASE.


2. LLEVAR IMPRESO EL SIGUIENTE DOCUMENTO
La Iglesia durante la Baja Edad Media
La Iglesia era la única institución de la Edad Media que superaba las fronteras nacionales y estaba presente en todos los países y regiones de Europa. Su influencia no se limitaba solo al plano religioso, sino que se extendía también el orden político, económico, social y cultural. El influjo de la Iglesia puede observarse, por ejemplo, en la importancia del templo en la vida aldeana alrededor del cual giraba la vida social y cultural durante la Edad Media. Los papas y los obispos, es decir, la jerarquía de la Iglesia, intervenían en los asuntos de los Estados cristianos y servían de mediadores y jueces en las disputas de los señores.
El poder económico de la Iglesia fue enorme, especialmente porque una gran cantidad de tierras estaba en manos de monasterios, conventos y catedrales. La Iglesia también cobraba un tributo llamado diezmo, que era lo que los campesinos tenían que ceder a su parroquia.
Reformas a la estructura de la Iglesia
En el siglo XI, el papa Gregorio VII impulsó una reforma religiosa con el fin de renovar el espíritu cristiano, evitar la relajación de las costumbres de los miembros de la Iglesia y reorganizar internamente la institución.
Los dos elementos fundamentales de la reforma fueron la organización jerárquica de la Iglesia, cuyo dirigente supremo era el Papa, y la elaboración del Derecho Canónico, cuya base era el Derecho Romano. El Papa defendió la superioridad de su poder, por encima de emperadores y reyes. Esta decisión desató, entre el papado y los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, un largo conflicto que fue conocido como la Querella de las Investiduras. El conflicto finalizó en el siglo XII con la firma del Concordato de Worms, por el que se definieron los poderes del Papa y el emperador: el Papa designaba a los obispos y el emperador les entregaba los bienes cedidos en feudo, símbolos del poder temporal. El proceso de reforma de la Iglesia, coincidió con la reforma del movimiento monacal y el nacimiento de dos órdenes monásticas: la de Cluny y la de Císter, que se propagaron por toda Europa.
La consolidación del poder de la Iglesia
El poder alcanzado por la Iglesia se debió también al fervor popular que envolvía a las clases más humildes y que fue demostrado por la cruzada de Pedro el Ermitaño. La fe se fundaba en la esperanza de una vida mejor. La veneración a la Virgen, a los santos y a las reliquias se difundió por toda la cristiandad. Por otro lado, se trataba de evitar que los fieles cayeran en herejías o doctrinas opuestas a los postulados de la Iglesia. Para lograrlo, ella contaba con dos poderosas armas: la excomunión, que expulsaba de la Iglesia a los infieles, y la Inquisición, que perseguía y enjuiciaba a los sospechosos de herejía.
Las órdenes mendicantes
Con el desarrollo comercial de las ciudades se hicieron notorias las diferencias entre ricos y pobres. Aparecieron predicadores que exaltaron ante los humildes la pobreza y la renuncia a los bienes terrenales. De aquí surgieron las órdenes mendicantes, que predicaban mediante la palabra y el ejemplo. En el siglo XIII, se fundaron dos órdenes mendicantes: la de los Franciscanos y la de los Dominicos. La primera fue fundada por San Francisco de Asís y basaba su prédica en la pobreza voluntaria. El ejemplo lo dio el mismo Francisco, pues era hijo de un rico comerciante de la ciudad de Asís y, a pesar de ello, se desprendió de todas sus posesiones. La segunda orden fue fundada por Santo Domingo Guzmán y se dedicó al estudio. Su formación intelectual permitió a los dominicos combatir la herejía, convirtiéndose en los integrantes del tribunal de la Inquisición.
La educación: nacimiento de las universidades
En las ciudades se fundaron escuelas donde a los hijos de los burgueses se les impartían conocimientos específicos para sus negocios, con novedosos métodos que respondían a la demanda de los nuevos saberes. El impacto y la importancia de estas escuelas, hizo que entre el siglo XII y XIII se transformaran en corporaciones o universidades. Las universidades surgieron de las escuelas catedralicias, que sustituyeron a las escuelas monásticas como centros de saber y de la cultura. Por su fama, algunas de estas escuelas atrajeron estudiantes de lugares lejanos. Esto impulsó a los maestros y discípulos a organizarse de manera independiente, para defender así su autonomía frente a los poderes externos y garantizar localidad de la enseñanza. Las universidades se organizaron en facultades especializadas en una disciplina. Estas eran administradas por un decano y el claustro dependía de un rector. En las primeras universidades, los profesores eran miembros de las órdenes mendicantes (una orden religiosa católica) quienes sustituyeron a los antiguos maestros seglares o maestros fieles a la Iglesia católica, pero que no hacían parte del clero. Las universidades más importantes de esta época fueron la de París en Francia, la de Oxford en Inglaterra y la de Bolonia en Italia.
La nueva moral burguesa y la Iglesia
En el siglo XIII, la Iglesia condenó a los burgueses que ejercían como mercaderes y banqueros, por vivir de la usura y el crédito. Los negocios no eran bien vistos por la Iglesia, sin embargo, los mercaderes se consideraban buenos cristianos. Algunos de ellos ingresaban a órdenes religiosas al final de sus vidas y donaban sus riquezas o se dedicaban a ayudar a los más pobres, tal vez para limpiar sus culpas. Finalmente la Iglesia concilió su posición, diciendo que mientras el comercio se ejerciera con el fin de la utilidad pública, el lucro sería considerado como remuneración del comerciante por su trabajo.

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